La liturgia es la obra del mismo Cristo en su Iglesia. Él es el actor principal. Nosotros, miembros de su Cuerpo, participamos en ella uniéndonos a su ofrenda con un corazón indiviso, al tiempo que participamos de los frutos de la Redención.
Esta participación en la ofrenda de Cristo se da en la historia, al mismo tiempo que la conforma, abriéndola a la eternidad. Por eso, siendo Cristo "el mismo, ayer, hoy y siempre", la continuidad en la dimensión litúrgica de la Iglesia es una realidad que, en muchas ocasiones, se palpa incluso en las formas temporales de los textos eucológicos, los usos y las melodías empleados para la alabanza divina.
Os propongo un ejercicio. Se trata de descubrir una constante. En cierto modo, es un enigma. Sin embargo, no nos va a ser difícil solventarlo. Vamos a escuchar cinco "kyries". Aunque realmente es el mismo. ¿Qué es lo que lo identifica? ¿Qué es lo que los diferencia?
En primer lugar, gregoriano:
Después, con Machaut (s. XIV), la incipiente polifonía medieval:
Con Desprez (ss. XV-XVI), el tránsito a la modernidad:
Con Palestrina (s. XVI), el canto de la Reforma de Trento:
Finalmente, con Duruflé (s. XX), la intuición de San Pío X:
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